Pasantía del terror

Por: EnigmáticoComunicador27 • Industria: Educación•hace 8 meses

Realicé una pasantía a la que postulé a través de un aviso publicado en la página de mi facultad. En la primera entrevista ya me confirmaron que había quedado seleccionada. El objetivo del rol, según se me explicó, era brindar soporte al área de Recursos Humanos y aliviar la carga operativa de la analista, ya que no daba abasto con todas las tareas del sector. En el área de Recursos Humanos éramos tres personas: la responsable del departamento y una analista de RR. HH., quien llevaba adelante la mayor parte del trabajo operativo, mientras que la responsable se enfocaba principalmente en las entrevistas. Yo comencé realizando tareas básicas de soporte, como ordenamiento de legajos, archivo de recibos y organización de documentación. Con el correr de los meses, mis responsabilidades fueron ampliándose progresivamente. Empecé a asumir tareas vinculadas a la parte soft del área —onboarding, control de EPP, altas y bajas, seguimiento de ausentismo— siempre con la intención de descomprimir el trabajo de la analista. Si bien estas tareas excedían el alcance inicial de una pasantía, nunca me negué, porque quería aprender y aportar. Tiempo después, la analista renunció y quedé sola en el área junto a la responsable, quien no tenía manejo de los procesos operativos ni del sistema interno (CMR). En ese momento, gran parte de las responsabilidades del sector quedaron sobre mis hombros, aun teniendo una jornada de pasantía de cuatro horas diarias. Al mes ingresó una nueva persona al equipo, sin experiencia previa en Recursos Humanos aunque ya recibida. Se me asignó la tarea de capacitarla desde cero, enseñándole procesos básicos como la gestión con la ART, además de continuar cumpliendo con todas mis tareas habituales. Había procesos que yo misma no había realizado nunca, por lo que no siempre podía explicarlos con claridad. En ese contexto comenzaron situaciones de maltrato y abuso de poder por parte de la responsable del área, situación que también había sido el motivo de la renuncia de mi compañera anterior. Frente a las dificultades propias de la capacitación, recibía comentarios descalificantes como que “había vuelto a primer grado” cuando no lograba explicar determinados temas, además de reproches constantes por no cumplir plazos irreales, sin acompañamiento ni colaboración operativa. Finalmente decidí renunciar. Cuando un jefe de mayor jerarquía me consultó los motivos, fui honesta y expliqué que existió maltrato, abuso de poder y una carga de responsabilidades que no era acorde a mi rol ni a mi jornada. Al enterarse, la responsable del área me enfrentó de manera agresiva y me expresó que no me recomendaría laboralmente. Hoy, con el tiempo, siento mucha angustia por no haber podido resistir esa situación, porque a veces pienso que, de haber continuado, mi recorrido profesional podría haber sido diferente. Sin embargo, en ese momento realmente no podía más: llegaba todos los días a mi casa llorando, con un nivel de desgaste emocional que hizo imposible sostener la experiencia sin afectar mi salud

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