Las promesas no pagan cuentas
Trabajo en marketing en una empresa desde hace casi cinco años. Entré en un puesto muy básico y con el tiempo fui asumiendo cada vez más responsabilidades. Mi trabajo hizo que la marca mejorara su imagen, sus resultados y su posicionamiento. Mientras trabajaba ahí, además, me recibí de licenciada (no hubo ningún aumento mínimo por eso, aunque no se si debería)
Siempre sentí que el valor que aportaba no estaba reflejado en mi salario, pero como me gustaba lo que hacía, lo dejé pasar. Durante años, mi jefe me delegó prácticamente todo y terminé encargándome de una parte clave del negocio.
El problema empezó cuando a ese jefe lo mandaron al seguro de paro durante seis meses, con la intención de desvincularlo después. A mí me avisaron con bastante anticipación y la situación fue muy incómoda porque yo compartía todo los días con el. Cuando él se fue, asumí muchas más tareas. En ese último tiempo el equipo pasó de cinco personas a solo dos.
Después de unas semanas pedí un aumento. No pedí un ascenso ni un cambio de rol, solo una retribución acorde al trabajo extra. La respuesta fue un discurso largo sobre presupuesto y objetivos, y me pidieron que armara planes estratégicos a dos años, innovación regional y procesos de liderazgo. Todo eso siendo parte de marketing operativo y sin ningún ajuste salarial inmediato. Me dijeron que el aumento se contemplaría “más adelante”, dentro de un plan futuro.
Yo expliqué que podía pensar en planes a largo plazo, pero que mientras tanto iba a limitarme a las tareas por las que me estaban pagando. No hubo respuesta.
Empecé a buscar trabajo. Tuve varias entrevistas, quedé en otro lugar y presenté la renuncia. Ahí apareció la urgencia: me ofrecieron más del doble de mi sueldo. Dudé, la pasé muy mal y finalmente rechacé la nueva oportunidad. Error.
Al poco tiempo tuve que ir a un viaje laboral que a todos les pagaban, menos a mí, porque “ya me iban a aumentar el sueldo”. Acepté. Me enfermé, gasté plata en remedios y, estando allá, me di cuenta de que no me habían pagado el sueldo del mes. Me dijeron varias veces que había sido un “olvido” de ambas partes (cuando no es mi responsabilidad hablar con el de finanzas para que me aumente) Nunca se resolvió.
Seguía trabajando y me pedían planes para el futuro sin pagarme lo que ya había trabajado. Incluso me sugirieron “adelantarme algo” si estaba corta de plata, comentario que me resultó totalmente fuera de lugar.
Hoy sigo en ese lugar, sin cobrar lo que corresponde, con ansiedad, tristeza y mucha decepción. Todavía no encontré otro trabajo, pero tengo ganas de renunciar sin plan B. Siento que esta situación me frena más de lo que me cuida.