Promesas, carga extra y una promoción que nunca llegó
A inicios de 2024 me ofrecieron pasar al área de Calidad. Ya había trabajado en gestión de mantenimiento y había sido líder de producción, así que acepté el desafío de certificar una norma en siete meses. Lideré a toda la compañía, lo logramos, nos certificaron y me reconocieron por el trabajo.
Al comenzar 2025 me asignaron, además del sistema de gestión de calidad, el aseguramiento de calidad de proveedores. Era más trabajo con el mismo sueldo.
En febrero de 2025, con solo siete días de anticipación, me pidieron viajar a filiales de Europa para trabajar en un proyecto que se trasladaría a Argentina. Mi jefa me dijo que tendría una reunión con un director global de nuestra área. La visita técnica salió bien. Sin embargo, el último día me avisaron que tendría una entrevista cara a cara con el número 3 de la multinacional. Preparé un documento con mis ideas, pero me criticó duramente y exigió un plan de acción. Fueron 30 minutos de humillación.
Regresé a Argentina desmotivada, aunque intenté aprender de la experiencia. Parte del feedback era cierto: mi presentación podría haber sido más profesional.
Poco después, mi jefa anunció su salida y comentó que yo estaba siendo considerada para reemplazarla. Me postulé, pero pasaron semanas sin noticias. Cuando pregunté, me dijo que no habría entrevista porque el director de Argentina me conocía desde mis días de pasante y que las entrevistas en España habían sido suficientes. Al día siguiente, la responsable de Recursos Humanos en Argentina me comentó que un exjefe de Ingeniería ocuparía las dos vacantes. Así supe que mi proceso había terminado.
Me sentí traicionada porque esperaba saberlo directamente de mi jefa o del director. Cuando la confronté, negó los rumores. Más tarde, en su despedida, admitió que Recursos Humanos había filtrado la información y que el director quería darme su feedback personalmente.
Finalmente, el director me explicó que, hasta antes de mis vacaciones, yo era la candidata principal, pero luego se postuló alguien con más experiencia en ingeniería. Decidí planificar mi salida, pero al poco tiempo me ofrecieron un aumento, una semana extra de vacaciones y promesas de crecimiento. Acepté quedarme.
Comencé 2026 con una nueva perspectiva, intentando ver el ambiente de trabajo de forma más positiva. Sin embargo, al cuarto día de producción del año, la gerenta de Recursos Humanos —con quien la relación seguía tensa— me envió una oferta de otra empresa. Aclaró que no pretendía que me fuera, pero que siempre era bueno conocer opciones. ¿Estamos todos locos?