Capacitación hostil y despido exprés

Por: OcultoRedactor27 • Industria: Saludhace 8 meses

Ingresé a trabajar en un geriátrico en un puesto que, en la entrevista, fue presentado como secretaría. Desde el inicio aclaré que nunca había trabajado en una institución geriátrica ni manejado sus sistemas internos, algo que la empresa conocía y aceptó. Sin embargo, en la práctica el rol terminó siendo mucho más amplio: administrativo–contable, gestión de documentación sensible, carga y control de información, y tareas vinculadas al área farmacéutica, sin la capacitación adecuada para asumir semejante responsabilidad en tan poco tiempo. La capacitación quedó prácticamente en manos de una compañera con un rol clave dentro del área administrativa. Desde el primer día, el acompañamiento fue escaso, desordenado y muchas veces hostil. Las indicaciones eran vagas o contradictorias: se me pedía hacer tareas de una forma y luego se me reprochaba haberlas hecho “mal”, aun cuando seguía exactamente lo que se me había indicado. Cada vez que intentaba pedir aclaraciones o contexto —algo lógico para alguien que recién ingresa— recibía respuestas descalificantes como “ya te expliqué”, “eso no se hace así” o “no vuelvas a preguntar”. También hubo comentarios irónicos y burlas ante situaciones menores, que lejos de ayudar, generaban más confusión y ansiedad. En mi tercer día de trabajo terminé llorando en el baño por el trato recibido por esta compañera, que era quien debía enseñarme. No fue por fragilidad emocional, sino por la falta total de humanidad en la forma de transmitir y corregir. A pesar de ese contexto, en pocos días armé desde cero herramientas de gestión, planillas de Excel, calendarios organizativos y cargué más de cien personas al sistema, tareas que no estaban sistematizadas y que llevaban tiempo sin resolverse. A los diez días fui despedida con el argumento de que “esperaban otra cosa de mí”. Considero que diez días, con una capacitación deficiente, tareas que excedían el puesto original y un entorno laboral hostil, no son un parámetro justo para evaluar a nadie. Al momento del despido decidí ser honesta y respetuosa. Dije que me parecía una mala señal que una persona llorara en su tercer día laboral por el destrato de quien debía capacitarla. Que entendía el cansancio y la saturación, pero que muy pocas personas saben enseñar y tienen ganas de hacerlo, y que sin humanidad no hay aprendizaje posible. También expresé que creo profundamente en el trabajo en equipo, en decir los errores en lugar de ocultarlos, en poder decir “me equivoqué, arreglémoslo” para prevenirlos a futuro. Que no creo en “ganarse un lugar” desde el miedo, sino en aprender y enseñar a la par. Aclaré que decía todo esto no solo por mí, sino por las personas que vengan después. Y aun estando siendo despedida, pedí que cuidaran y acompañaran a la compañera que tenían, porque sabía mucho, pero necesitaba apoyo y formación para no cargar sola con todo. Me fui con tristeza, pero también con la tranquilidad de haber sido profesional y honesta hasta el final. Aprendí que cuando no se acompaña, cuando se castiga la pregunta y se ocultan los errores en lugar de trabajarlos en conjunto, el problema no es la persona nueva, sino la cultura laboral. Comparto esta experiencia de forma anónima porque sé que no soy la única que pasó por algo así. ¿Qué hubiesen hecho ustedes en mi lugar? Agradezco consejos y experiencias

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