Incomodé y me hecharon

Por: AstutoHistoriador39 • Industria: Otro•hace 4 meses

Siempre he trabajado en agencias de influencer marketing en Colombia, siempre bajo modalidad híbrida.

Actualmente, estoy en búsqueda de empleo, ya que en febrero me despidieron sin justa causa. Personalmente, creo que se debió a que incomodé al cuestionar ciertas cosas, lo cual no fue bien recibido por la organización.

Trabajaba en una agencia de marketing digital enfocada en influenciadores. Estuve allí durante dos años y medio. Durante ese tiempo, nunca recibí un aumento salarial, excepto este año, cuando ajustaron los salarios según el IPC, algo que realmente no fue significativo.

En enero de este año, me animé a pedir un aumento. Sabía que probablemente la respuesta sería negativa, pero aun así lo intenté. Escribí un correo justificando mi solicitud, mostrando mi desempeño durante el año anterior: cuántos clientes manejaba, cuánto dinero administraba, entre otros logros. Además, mencioné que estaba realizando una especialización que fortalecería mi trabajo y me brindaría nuevas herramientas.

También es importante mencionar que nunca me habían dado indicadores ni metas claras que debía cumplir para aspirar a un ascenso o a un aumento.

Pasaron unas dos semanas, o quizá más, hasta que la persona de Talento Humano me dijo que no habría aumento. Lo hizo en una reunión de más de una hora, dedicada a justificar la decisión sin ningún espacio de negociación.

Las razones fueron: falta de presupuesto, despedir personas de otros equipos para sostener la operación, y que siguiera mi corazón para hacer lo que me hiciera feliz. Me dijeron que si ya no quería estar allí, era libre de irme.

Obviamente, me frustré.

Solicité que me dijeran cuáles serían los indicadores que debía cumplir para que, en un futuro, fuera posible un ascenso o discutir un aumento salarial. También recibí una negativa. Me dijeron que eran una empresa pequeña, una startup —aunque llevan más de cinco años en el mercado y tienen presencia en 12 países de Latinoamérica— y que esos indicadores no estaban definidos.

El primer lunes de febrero, a las 9:00 a. m., mi jefa me escribió para que me uniera a una reunión, sin previo aviso.

En esa reunión, me informaron que estaban en un proceso de reorganización de la empresa y que la persona de Operaciones —hermana de la dueña e hija de la gerente, además de haber sido mi exjefa— había decidido cambiarme de equipo.

En ese momento, solo pude decir: “Ok”.

Organizaron otra reunión ese mismo día, alrededor de las 10:00 a. m., con la persona de Operaciones, Talento Humano, los líderes del otro equipo y una persona que ocuparía mi lugar, para presentarnos y hacer una especie de empalme inicial. Todo era muy “jijiji, jajaja”, pero pedí que al final nos quedáramos en la reunión mi jefa, Talento Humano, Operaciones y yo, porque tenía varias dudas.

Pregunté por qué me estaban cambiando de equipo. Me respondieron que allí tendría más posibilidades de crecer.

Entonces hice una pregunta bastante normal: ¿cuáles serían los indicadores y objetivos que tendría que cumplir para que ese crecimiento fuera posible?

Me dieron exactamente la misma respuesta que un mes antes me había dado Talento Humano. Además, me dijeron algo como: “Es que tú vienes a exigir cosas”, que cómo se me ocurría esperar que en dos semanas ya existieran esos indicadores, que así no funcionaban las cosas.

Respondí: “Ok, listo, en dos semanas no. No sé cómo manejan esos procesos, pero entonces díganme en cuánto tiempo”.

Lo único que quería era claridad.

También les recordé que había solicitado un aumento salarial y que no había sucedido. Pregunté si con este cambio habría algún ajuste en mi salario.

La respuesta fue no.

Me dijeron que en el equipo al que llegaría, yo sería la project manager que más dinero ganaba. Respondí que no tenía por qué conocer esa información y que estaba hablando únicamente por mí, porque no podía hablar por nadie más. Incluso dije, medio en broma: “Si fuera así, yo armaría un sindicato, pero no puedo”.

La realidad era que me estaban enviando a hacer más trabajo por la misma paga. Además, el líder del otro grupo tenía una fama terrible. Era de esas personas que aparentan ser súper good vibes, pero no lo son, y por él ya habían renunciado varias personas.

Mi teoría siempre fue que querían pasarme a ese equipo para aburrirme y que terminara renunciando.

La reunión se puso tan tensa que la persona de Operaciones y mi jefa terminaron diciendo:

—¿Sabes qué? No vamos a hacer ningún cambio. Todo queda igual.

Y yo respondí:

—Ok, no tengo problema con que me cambien de equipo, pero sí necesitaba claridad.

Ellas insistieron en que ya no habría ningún cambio y ahí terminó el tema.

Una de mis funciones era contactar creadores de contenido. Lo hacíamos a través de la cuenta de Instagram de la agencia y yo tenía acceso a las credenciales.

Cuando terminó la reunión, casi una hora después, llegó un mensaje al grupo corporativo de la persona encargada de administrar accesos diciendo que había cambiado la contraseña de Instagram y que quien la necesitara le escribiera.

Eso hice.

Me ignoró completamente.

Nunca me respondió.

Una compañera le escribió prácticamente al mismo tiempo y a ella sí le entregó la contraseña.

Seguí trabajando con lo que tenía disponible y también revisé la agenda de mi jefa para el resto del día. Vi que tenía una reunión a las 5:00 p. m. llamada: “REVISIÓN CASO URGENTE”.

A esa reunión estaban citados Talento Humano, Operaciones, Gerencia y Administrativo.

Mientras se desarrollaba esa reunión, informaron a mi equipo que al día siguiente debíamos asistir presencialmente a la oficina. Nuestro día habitual de asistencia era el jueves.

Ahí dije, en tono de chiste:

—Me van a echar.

Al día siguiente, llegué súper puntual a la oficina. Después de la reunión del día anterior, no quería que me fueran a molestar por llegar tarde.

Cuando subí a mi puesto, detrás de mí venía la persona de Talento Humano. Me dijo:

—¿Bajas conmigo un momento, por favor?

Efectivamente, me despidieron sin justa causa.

No me dieron razones, no me ofrecieron explicaciones, ni siquiera sentí que dieran la cara.

Después me enteré de que, supuestamente, todo se había desencadenado por la palabra “sindicato”.

Lo que aprendí de esta experiencia es que debo cuidar mucho más mis palabras y la forma en que salen de mi boca, aunque sigo creyendo que fue injusto que me despidieran y, sobre todo, la forma en que lo hicieron.

Además, uno nunca está preparado para estas situaciones y tal vez no reaccione de la mejor manera, pero ya no puedo devolver el tiempo. Creo que alcancé a tirar la puerta al salir. Cuando subí por mis cosas, vi a mis compañeras y lloré, hasta que la de Talento Humano me dijo que estaba generando un mal ambiente, que este proceso debía ser lo más tranquilo posible.

Ya llevo cuatro meses buscando empleo y todavía no lo he conseguido. Sin embargo, ya terminé mi especialización y eso me alegra mucho.

Me pone triste no encontrar trabajo porque sé que soy una buena profesional, ambiciosa y con muchas ganas de salir adelante.

Pero también tengo mi lado paranoico, jajajajaja.

Esta industria es enorme, pero al mismo tiempo todos se conocen con todos. A veces me pregunto si no he logrado entrar a ninguna agencia por comentarios de mis antiguos empleadores.

No lo sé.

Lo único que sé es que sigo intentando, sigo preparándome y sigo confiando en que eventualmente encontraré un lugar donde valoren mi trabajo, mi experiencia y mis ganas de crecer.

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